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Selección poética

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Selección poética - Page Text Content

S: Selección de poética Eapañol 121

BC: Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía. GABécquer

FC: Selección poética Español 121 Nina Torres-Vidal Amalia Lluch Vélez

1: Dra. Amalia Lluch Vélez Prof. Nina Torres-Vidal Catedráticas Facultad Interdisciplinaria de Estudios Humanísticos y Sociales Universidad del Sagrado Corazón 2012

3: Introducción Este libro contiene poemas de diversos autores puertorriqueños, latinoamericanos y españoles, hombres y mujeres de gran sensibilidad que hicieron y hacen de la poesía el medio idóneo para darnos su ser, sus ideas, alegría, dolor, angustia o esperanza. En él encontrarás autores antiguos -algunos del Siglo de Oro- junto a poetas del siglo 19 y otros, más recientes. A pesar de la distancia temporal, todos expresan con acierto, genio y profundo sentir las preocupaciones ante el misterio de la vida y la muerte, el amor y la libertad, asuntos que continúan angustiando a los seres humanos de hoy. | i

4: Esta Selección poética constituye solo una pequeña muestra de buena poesía enmarcada en seis temas fundamentales: el amor, el tiempo (Carpe diem), la naturaleza, la opresión y la justicia, la vida y la esperanza, la muerte. En el fondo de estos poemas palpitan los valores y sentimientos humanos, las experiencias de sus creadores, en fin, todo su ser. Si después de estudiar y analizar la poesía de estos escritores y escritoras descubres que la aprecias y te animas a escribir tus propios poemas, habremos logrado nuestro propósito. ¡Que los disfrutes! | ii

5: Poemas de amor

6: "...La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar. Hace vibrar árboles, ropas, abrasa espigas, hojas secas, acuna en su oleaje los objetos que duermen en la playa..." José Hierro (Español, 1922-2002)

7: Ya está el lucero del alba encimita del palmar, como horquilla de cristal en el moño de una palma. Hacia él vuela mi alma, buscándote en el vacío. Si también de tu bohío, lo estuvieras tú mirando, ahora se estarían besando tu pensamiento y el mío. | Amanecer Luis Lloréns Torres (Puertorriqueño, 1876-1944) | 3

8: Táctica y estrategia Mario Benedetti (Uruguayo, 1920-2009) | Mi táctica es mirarte aprender cómo sos quererte como sos mi táctica es hablarte y escucharte construir con palabras un puente indestructible mi táctica es quedarme en tu recuerdo no sé cómo ni sé con qué pretexto pero quedarme en vos | 4

9: mi táctica es ser franco y saber que sos franca y que no nos vendamos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos mi estrategia es en cambio más profunda y más simple mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites. | 5

10: Poema 15 Pablo Neruda (Chileno, 1904-1973) | ME gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía. Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. | 6

11: Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. Del libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada | 7

12: Casi alba, como decir arroyo entre la fuente, como decir estrella, como decir paloma en cielo de alas. Esta noche se ha ido casi aurora, casi ronda de luna entre montañas, como una sensación de golondrina al picar su ilusión en una rama. | Casi alba Julia de Burgos (Puertorriqueña, 1914-1953) | 8

13: Amanecer, sin alas para huirse; regreso de emoción hasta su alma, palomitas de luz entre mis manos que al asalto de amor subieron castas. Noche rasgada al tiempo repetido, detenida ciudad de esencias altas, como una claridad rompes mi espíritu, circundas mi emoción como una jaula. Amor callado y lejos Tímida vocecita de una dalia, así te quiero, íntimo sin saberte las puertas al mañana, casi sonrisa abierta entre las risas, entre juego de luces, casi alba. | 9

14: Ser onda, oficio, niña, es de tu pelo, nacida ya para el marero oficio; ser graciosa y morena tu ejercicio y tu virtud más ejemplar ser cielo. ¡Niña!, cuando tu pelo va de vuelo, dando del viento claro un mero indicio, enmienda de marfil y de artificio ser de tu capilar borrasca anhelo. No tienes más quehacer que ser hermosa, no tengo más festejo que mirarte, alrededor girando de tu esfera. Satélite de ti, no hago otra cosa, si no es una labor de recordarte. -¡Date presa de amor, mi carcelera! | Ser onda, oficio, niña, es de tu pelo Miguel Hernández | 10

15: Mi madrina invitaba a mi prima Águeda a que pasara el día con nosotros, y mi prima llegaba con un contradictorio prestigio de almidón y de temible luto ceremonioso. Agueda aparecía, resonante de almidón, y sus ojos verdes y sus mejillas rubicundas me protegían contra el pavoroso luto. | Mi prima Águeda A Jesús Villapando Ramón López Velarde (Mexicano, 1888-1921) | 11

16: Yo era rapaz y conocía la o por lo redondo, y Águeda que tejía mansa y perseverante en el sonoro corredor, me causaba calosfríos ignotos. (Creo que hasta le debo la costumbre heroicamente insana de hablar solo). A la hora de comer, en la penumbra quieta del refectorio, me iba embelesando un quebradizo sonar intermitente de vajilla y el timbre caricioso de la voz de mi prima. | 12

17: Águeda era (luto, pupilas verdes y mejillas rubicundas) un cesto policromo de manzanas y uvas en el ébano de un armario añoso. | 13

18: Te quiero Mario Benedetti (Uruguayo, 1920-2009) | Tus manos son mi caricia mis acordes cotidianos te quiero porque tus manos trabajan por la justicia si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos | 14

19: tus ojos son mi conjuro contra la mala jornada te quiero por tu mirada que mira y siembra futuro tu boca que es tuya y mía tu boca no se equivoca te quiero porque tu boca sabe gritar rebeldía si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos | 15

20: y por tu rostro sincero y tu paso vagabundo y tu llanto por el mundo porque sos pueblo te quiero y porque amor no es aureola ni cándida moraleja y porque somos pareja que sabe que no está sola

21: te quiero en mi paraíso es decir que en mi país la gente viva feliz aunque no tenga permiso si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos.

22: Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, como en tu rostro y en tus acciones vía que con palabras no te persuadía, que el corazón me vieses deseaba; y Amor, que mis intentos ayudaba, venció lo que imposible parecía, pues entre el llanto que el dolor vertía, el corazón deshecho destilaba. Baste ya de rigores, mi bien, baste, no te atormenten más celos tiranos, ni el vil recelo tu quietud contraste con sombras necias, con indicios vanos: pues ya en líquido humor viste y tocaste mi corazón deshecho entre tus manos. | Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba Sor Juana Inés de la Cruz México, 1651-1695

23: En el amor y en el boxeo todo es cuestión de distancia. Si te acercas demasiado me excito me asusto me obnubilo digo tonterías me echo a temblar pero si estás lejos sufro entristezco me desvelo y escribo poemas. "Otra vez eros" 1999 | Distancia justa Cristina Peri Rossi (uruguaya, 1941)

24: Para vivir no quiero islas, palacios, torres. ¡Qué alegría más alta: vivir en los pronombres! Quítate ya los trajes, las señas, los retratos; yo no te quiero así, disfrazada de otra, hija siempre de algo. Te quiero pura, libre, irreductible: tú. Sé que cuando te llame entre todas las gentes del mundo, sólo tú serás tú. | Para vivir no quiero... Pedro Salinas (Español, 1891-1951

25: Y cuando me preguntes quién es el que te llama, el que te quiere suya, enterraré los nombres, los rótulos, la historia. Iré rompiendo todo lo que encima me echaron desde antes de nacer. Y vuelto ya al anónimo eterno del desnudo, de la piedra, del mundo, te diré: Yo te quiero, soy yo.

26: Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. Eres más que esta blanca cabecita que aprieto como un racimo entre mis manos cada día. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. ¿Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? Ah déjame recordarte como eras entonces, cuando aún no existías. De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. El cielo es una red cuajada de peces sombríos. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. Se desviste la lluvia. | Poema 14 Pablo Neruda (Chileno, 1904-1973) | 22

27: Pasan huyendo los pájaros. El viento. El viento. Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. El temporal arremolina hojas oscuras y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. Tú estás aquí. Ah tú no huyes. Tú me responderás hasta el último grito. Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, y tienes hasta los senos perfumados. Mientras el viento triste galopa matando mariposas yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. | 23

28: Cuánto te habrá dolido acostumbrarte a mí, a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. Hasta te creo dueña del universo. Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, avellanas oscuras y cestas silvestres de besos. Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos. | 24

30: El tema del tiempo.... Carpe diem | 26

31: En tanto que de rosa y azucena se muestra la color en vuestro gesto, y que vuestro mirar ardiente, honesto, enciende el corazón y lo refrena; y en tanto que el cabello, que en la vena del oro se escogió con vuelo presto, por el hermoso cuello blanco, enhiesto, el viento mueve, esparce y desordena; coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto, antes que el tiempo airado cubra de nieve la hermosa cumbre. Marchitará la rosa el viento helado, todo lo mudará la edad ligera, por no hacer mudanza en su costumbre. | Soneto Garcilaso de la Vega (Español, 1501-1536) | En tanto que de rosa y azucena se muestra la color en vuestro gesto, y que vuestro mirar ardiente, honesto, enciende el corazón y lo refrena; y en tanto que el cabello, que en la vena del oro se escogió con vuelo presto, por el hermoso cuello blanco, enhiesto, el viento mueve, esparce y desordena; coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto, antes que el tiempo airado cubra de nieve la hermosa cumbre. Marchitará la rosa el viento helado, todo lo mudará la edad ligera, por no hacer mudanza en su costumbre. | 27

32: Estas que fueron pompa y alegría despertando al albor de la mañana, a la tarde serán lástima vana durmiendo en brazos de la noche fría. Este matiz que al cielo desafía iris listado de oro, nieve y grana, será escarmiento de la vida humana: tanto se aprende en término de un día. A florecer las rosas madrugaron y para envejecerse florecieron cuna y sepulcro en un botón hallaron. Tales los hombres sus fortunas vieron; en un día nacieron y expiraron que, pasados los siglos, horas fueron. | A la rosa Pedro Calderón de la Barca (Español, 1600-1681) | 28

33: Mientras por competir con tu cabello, oro bruñido al sol relumbra en vano; mientras con menosprecio en medio el llano mira tu blanca frente el lilio bello; Mientras a cada labio, por cogello, siguen más ojos que al clavel temprano; y mientras triunfa con desdén Lozano del luciente cristal tu gentil cuello: Goza cuello, cabello, labio y frente, antes que lo que fue en tu edad dorada oro, lilio, clavel, cristal luciente, No sólo en plata o viola troncada se vuelva, mas tú y ello juntamente en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada. | Mientras por competir con tu cabello Luis de Góngora (Español, 1561-1627) | 29

34: Tómame ahora que aún es temprano y que llevo dalias nuevas en la mano. Tómame ahora que aún es sombría Esta taciturna cabellera mía. Ahora que tengo la carne olorosa y los ojos limpios y la piel de rosa. Ahora que calza mi planta ligera La sandalia viva de la primavera. Ahora que en mis labios repica la risa Como una campana sacudida aprisa. | La hora Juana de Ibarbourou (Uruguaya, 1892-1979) | 30

35: Después, ¡ah, yo sé que ya nada de eso más tarde tendré! Que entonces inútil será tu deseo, Como ofrenda puesta sobre un mausoleo. ¡Tómame ahora que aún es temprano y que tengo rica de nardos la mano! Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca y se vuelva mustia la corola fresca. Hoy, y no mañana. ¡Oh, amante! ¿No ves que la enredadera crecerá ciprés? | 31

36: Me enfrento a ti, o vida sin espigas, desde la casa de mi soledad. Detrás de mí anclado está aquel tiempo en que tuve pasión y libertad, garganta libre al amoroso grito, y casta desnudez, y claridad. Era una flor, oh vida, y en mí estaba arrulladora, la eternidad. Sombras ahora, sombras sobre el tallo y no sentir ya nada más en la cegada clave de los pétalos aquel ardor de alba, miel y sal. | Tiempo Juana de Ibarbourou (Uruguaya, 1895-1979) | 32

37: Criatura perdida en la maleza de la antigua mies. Inútil es buscar lo que fue un día lava de oro y furia de clavel. En el nuevo nacer, frente inclinada; sumiso, el que era antes ágil pie; ya el peso con escudo; ya pequeña la custodiada sombra del laurel. | 33

38: ¿Quién viene ahora entre la espesa escarcha? Duele la fría rosa de la faz, y ya no tiene los secretos siervos, para su dura sed, el manantial. Angel del aire que has velado el rostro: Crece tu niebla sobre mi pleamar. | 34

40: El tema de la naturaleza | 36

41: Cebolla luminosa redoma, pétalo a pétalo se formó tu hermosura, escamas de cristal te acrecentaron y en el secreto de la tierra oscura se redondeó tu vientre de rocío. Bajo la tierra fue el milagro y cuando apareció tu torpe tallo verde, | Oda a la cebolla Pablo Neruda (Chileno, 1904-1973) | 37

42: y nacieron tus hojas como espadas en el huerto, la tierra acumuló su poderío mostrando tu desnuda transparencia, y como en Afrodita el mar remoto duplicó la magnolia levantando sus senos, la tierra así te hizo, cebolla, clara como un planeta, y destinada a relucir, constelación constante, redonda rosa de agua, sobre | 38

43: la mesa de las pobres gentes. Generosa deshaces tu globo de frescura en la consumación ferviente de la olla, y el jirón de cristal al calor encendido del aceite se transforma en rizada pluma de oro. También recordaré cómo fecunda tu influencia el amor de la ensalada y parece que el cielo contribuye dándote fina forma de granizo a celebrar tu claridad picada sobre los hemisferios de un tomate. | 39

44: Pero al alcance de las manos del pueblo, regada con aceite, espolvoreada con un poco de sal, matas el hambre del jornalero en el duro camino. Estrella de los pobres, hada madrina envuelta en delicado papel, sales del suelo, eterna, intacta, pura como semilla de astro, y al cortarte el cuchillo en la cocina | 40

45: sube la única lágrima sin pena. Nos hiciste llorar sin afligirnos. Yo cuanto existe celebré, cebolla, pero para mí eres más hermosa que un ave de plumas cegadoras, eres para mis ojos globo celeste, copa de platino, baile inmóvil de anémona nevada y vive la fragancia de la tierra en tu naturaleza cristalina. Del libro Odas elementales. | 41

46: ¡Río Grande de Loíza!... Alárgate en mi espíritu y deja que mi alma se pierda en tus riachuelos, para buscar la fuente que te robó de niño y en un ímpetu loco te devolvió el sendero. Enróscate en mis labios y deja que te beba, para sentirte mío por un breve momento, y esconderte del mundo, y en ti mismo esconderte, y oir voces de asombro en la boca del viento. | Río Grande de Loíza Julia de Burgos (Puertorriqueña, 1914-1953) | 42

47: Apéate un instante del lomo de la tierra, y busca en mis ansias el íntimo secreto; confúndete en el vuelo de mi ave fantasía, y déjame una rosa de agua en mis ensueños. ¡Río Grande de Loíza!... Mi manantial, mi río, desde que alzóme al mundo el pétalo materno; contigo me bajaron desde las rudas cuestas a buscar nuevos surcos, mis pálidos anhelos; y mi niñez fue toda un poema en el río, y un río en el poema de mis primeros sueños. | 43

48: Llegó la adolescencia. Me sorprendió la vida Prendida en lo más ancho de tu viajar eterno; Y fui tuya mil veces, y en un bello romance Me despertaste el alma y me besaste el cuerpo. ¿A dónde te llevaste las aguas que bañaron mis formas en espigas del sol recién abierto? ¡Quién sabe en qué remoto país mediterráneo algún fauno en la playa me estará poseyendo! ¡Quién sabe en qué aguacero de qué tierra lejana me estaré derramando para abrir surcos nuevos; o si acaso, cansada de morder corazones, me estaré congelando en cristales de hielo! | 44

49: ¡Río Grande de Loíza! Azul. Moreno. Rojo. Espejo azul, caído pedazo azul del cielo: Desnuda carne blanca que te vuelve negra Cada vez que la noche se te mete en el lecho; roja franja de sangre, cuando baja la lluvia a torrentes su barro te vomitan los cerros. Río hombre, pero hombre con pureza de río, porque das tu azul alma cuando das tu azul beso. Muy señor río mío. Río hombre. Único hombre que ha besado en mi alma al besar en mi cuerpo. ¡Río Grande de Loíza!... Río Grande. Llanto grande. El más grande de todos nuestros llantos isleños, si no fuera más grande el que de mí se sale por los ojos del alma para mi esclavo pueblo. | 45

50: Oda al mar Pablo Neruda (Chileno, 1904-1973) | Aquí en la isla el mar y cuánto mar se sale de sí mismo a cada rato, dice que sí, que no, que no, que no, que no, dice que sí , en azul, en espuma, en galope, dice que no, que no. | 46

51: No puede estarse quieto, me llamo mar, repite pegando en una piedra sin lograr convencerla, entonces con siete lenguas verdes de siete perros verdes, de siete tigres verdes, de siete mares verdes, la recorre, la besa, la humedece y se golpea el pecho repitiendo su nombre. | 47

52: El contemplado Variaciones de un tema Pedro Salinas (Español,1891-1951) | 1 De mirarte tanto y tanto, de horizonte a la arena, despacio, del caracol al celaje, brillo a brillo, pasmo a pasmo, te he dado nombre; los ojos te lo encontraron, mirándote. Por las noches, soñando que te miraba, al abrigo de los párpados maduró, sin yo saberlo, este nombre tan redondo que hoy me descendió a los labios. | 48

53: Y lo dicen asombrados de lo tarde que lo dicen. ¡Si era fatal el llamártelo! ¡Si antes de la voz, ya estaba en el silencio tan claro!¡Si tú has sido para mí, desde el día que mis ojos te estrenaron, el contemplado, el constante Contemplado! | http://palabravirtual.com | 49

54: Opresión y justicia: Poesía contestataria | 50

55: He roto el arcoiris contra mi corazón, como se rompe una espada inútil contra una rodilla. He soplado las nubes de rosa y sangre más allá de los últimos horizontes He ahogado mis sueños para saciar los sueños que me duermen en las venas de los hombres que sudaron y lloraron y rabiaron para sazonar mi café | Panfleto Luis Muñoz Marín (Puertorriqueño, 1898-1980) | 51

56: El sueño que duerme en los pechos estrujados por la tisis (¡Un poco de aire, un poco de sol!); el sueño que sueñan los estómagos estrangulados por el hambre (¡Un pedazo de pan, un pedazo de pan blanco!) el sueño de los pies descalzos (¡Menos piedras en el camino, Señor, menos botellas rotas!) el sueño de las manos callosas (¡Musgo, olán limpio, cosas suaves, blandas, cariñosas!) el sueño de los corazones pisoteados (¡Amor, vida, vida, vida!) Yo soy el panfletista de Dios, el agitador de Dios, y voy con la turba de estrellas y hombres hambrientos hacia la gran aurora. | 52

57: Colgadme al pecho, después que muera, mi verde escudo en un relicario; cubridme todo con el sudario, con el sudario de tres colores de mi bandera. Sentada y triste habrá una Quimera sobre mi túmulo funerario.... Será un espíritu solitario en larga espera, en larga espera, en larga espera.... Llegará un día tumultuario y la Quimera, en el silenciario sepulcro erguida, lanzará un grito... ¡Buscaré entonces entre mis huesos mi relicario! ¡Me alzaré entonces con la bandera de mi sudario a desplegarla sobre los mundos desde las cumbres del infinito! | Ultima actio José de Diego (Puertorriqueño,1867-1918) | 53

58: ¡Ah, desgraciado si el dolor te abate, si el cansancio tus miembros entumece! Haz como el árbol seco: ¡reverdece! y como el germen enterrado: late. Resurge, alienta, grita, anda, combate, vibra, ondula, retruena, resplandece... Haz como el río con la lluvia: ¡crece! y como el mar contra la roca: ¡bate! De la tormenta al iracundo empuje, no has de balar, como el cordero triste, sino rugir, como la fiera ruge. ¡Levántate! ¡revuélvete! ¡resiste! Haz como el toro acorralado: ¡muge! O como el toro que no muge: ¡embiste! | En la brecha José de Diego (Puertorriqueño, 1867-1918) | 54

59: Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese: un intento de vida; un juego al escondite con mi ser. Pero yo estaba hecha de presentes, y mis pies planos sobre la tierra promisora no resistían caminar hacia atrás, y seguían adelante, adelante, burlando las cenizas para alcanzar el beso de los senderos nuevos. | Yo misma fui mi ruta Julia de Burgos (Puertorriqueña, 1914-1953) | 55

60: A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado de los troncos viejos. Pero la rama estaba desprendida para siempre, y a cada nuevo azote la mirada mía se separaba más y más y más de los lejanos horizontes aprendidos: y mi rostro iba tomando la espresión que le venía de adentro, la expresión definida que asomaba un sentimiento | 54

61: de liberación íntima; un sentimiento que surgía del equilibrio sostenido entre mi vida y la verdad del beso de los senderos nuevos. Ya definido mi rumbo en el presente, me sentí brote de todos los suelos de la tierra, de los suelos sin historia, de los suelos sin porvenir, del suelo siempre suelo sin orillas de todos los hombres y de todas las épocas. Y fui toda en mí como fue en mí la vida | 55

62: Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese: un intento de vida; un juego al escondite con mi ser. Pero yo estaba hecha de presentes; cuando ya los heraldos me anunciaban en el regio desfile de los troncos viejos, se me torció el deseo de seguir a los hombres, y el homenaje se quedó esperándome. | 58

63: Se suicidó la estatua del dictador. La estatua vivía en el centro del estanque. Una noche de viento la estatua se lanzó al agua. La estatua del dictador murió ahogada. Sólo las gaviotas la echaron de menos. | Se suicidó la estatua del dictador Gloria Fuertes (Española, 1918-1998) | 59

64: El río de Corozal, el de la leyenda dorada. La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada. El río Manatuabón tiene la leyenda dorada. La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada. El río Cibuco escribe su nombre con letra dorada. La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada. Allí se inventó un criadero. Allí el quinto se pagaba. | Obuao moin Juan Antonio Corretjer Puertorriqueño, 1908-1985 | 60

65: La tierra era de oro. La tierra está ensangrentada. En donde hundió la arboleda su raíz en tierra dorada Allí las ramas chorrean sangre. La arboleda está ensangrentada. Donde dobló la frente india, bien sea tierra, bien sea agua, bajo el peso de la cadena, entre los hierros de la ergástula, allí la tierra hiede a sangre y el agua está ensangrentada. | 61

66: Donde el blanco pobre ha sufrido los horrores de la peonada, bajo el machete del mayoral y la libreta de jornada y el abuso del señorito, allí sea tierra o allí sea agua, allí la tierra está maldita y corre el agua envenenada. Gloria a esas manos aborígenes porque trabajaban. Gloria a esas manos negras porque trabajaban. Gloria a esas manos blancas porque trabajaban. | 62

67: De entre esas manos indias, negras, blancas, de entre esas manos nos salió la patria. Gloria a las manos que a mulas y caballos ensillaran y desensillaran. Gloria a las manos que los hatos de cabras pastaran. Gloria a las manos que cuidaron las piaras. Gloria a las manos que las gallinas, los pavos y los patos criaran. Gloria a todas las manos de todos los hombres y mujeres que trabajaran porque ellas la patria amasaran. | 63

68: Y gloria a las manos, a todas las manos que hoy trabajan porque ellas construyen y saldrá de ellas la nueva patria liberada. ¡La patria de todas las manos que trabajan! Para ellas y para su patria, ¡alabanza!, ¡alabanza! | 64

69: Pido la paz y la palabra Blas de Otero (Español, 1916-1979) | Escribo en defensa del reino del hombre y su justicia. Pido la paz y la palabra. He dicho silencio, sombra, vacío etcétera. Digo del hombre y su justicia, océano pacífico, lo que me dejan. Pido la paz y la palabra. | 65

70: Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre aquel que amó, vivió, murió por dentro y un buen día bajó a la calle: entonces comprendió: y rompió todos su versos. Así es, así fue. Salió una noche echando espuma por los ojos, ebrio de amor, huyendo sin saber adónde: a donde el aire no apestase a muerto. | Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre... Blas de Otero | 66

71: Tiendas de paz, brizados pabellones, eran sus brazos, como llama al viento; olas de sangre contra el pecho, enormes olas de odio, ved, por todo el cuerpo. ¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces en vuelo horizontal cruzan el cielo; horribles peces de metal recorren las espaldas del mar, de puerto a puerto. Yo doy todos mis versos por un hombre en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso, mi última voluntad. Bilbao, a once de abril, cincuenta y uno. | 67

72: "Pido la paz y la palabra" Blas de Otero Prepárame una cuna de madera inocente y pon bandera blanca sobre su cabecera. Voy a nacer. Y desde ti, mi madre, pido la paz y pido la palabra. Pido una tierra sin metralla, enjuta de llanto y sangre, limpia de cenizas, libre de escombros. Saneada tierra para sembrar a pulso la simiente que tengo entre mis dedos apretada. | El hombre naciente Ángela Figuera Aymerich España, 1902-1984 | 68

73: Pido la paz y pido a mis hermanos los hijos de mujer por todo el mundo que escuchen esta voz y se apresuren. Que se levanten al rayar el día y vayan al más próximo arroyuelo. Laven allí sus manos y su boca, Después, que vengan a nacer conmigo. Haremos entre todos cuenta nueva. Quiero vivir. Lo exijo por derecho. Pido la paz y entrego la esperanza. | 69

74: Hombres necios que acusáis Sor Juana Inés de la Cruz (Mexicana, | Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis: si con ansia sin igual solicitáis su desdén, ¿por qué queréis que obren bien si la incitáis al mal? Cambatís su resistencia y luego, con gravedad, decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia. | 72

75: Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco el niño que pone el coco y luego le tiene miedo. Queréis, con presunción necia, hallar a la que buscáis, para pretendida, Thais, y en la posesión, Lucrecia. ¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo, y siente que no esté claro? Con el favor y desdén tenéis condición igual, quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren bien. | 73

76: Siempre tan necios andáis que, con desigual nivel, a una culpáis por crüel y a otra por fácil culpáis. ¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata, ofende, y la que es fácil, enfada? Mas, entre el enfado y pena que vuestro gusto refiere, bien haya la que no os quiere y quejaos en hora buena. Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas, y después de hacerlas malas las queréis hallar muy buenas. | 72

77: ¿Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada: la que cae de rogada, o el que ruega de caído? ¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga, o el que paga por pecar? Pues ¿para qué os espantáis de la culpa que tenéis? Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis. Dejad de solicitar, y después, con más razón, acusaréis la afición de la que os fuere a rogar. | 73

78: Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia, pues en promesa e instancia juntáis diablo, carne y mundo. | 74

79: No, no es la solución tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy ni apurar el arsénico de Madame Bovary ni aguardar en los páramos de Ávila la visita del ángel con venablo antes de liarse el manto a la cabeza y comenzar a actuar. Ni concluir las leyes geométricas, contando las vigas de la celda de castigo como lo hizo Sor Juana. No es la solución | Otro modo de ser Rosario Castellanos (Mexicana,1925-1974) | 75

80: escribir, mientras llegan las visitas, en la sala de estar de la familia Austen ni encerrarse en el ático de alguna residencia de la Nueva Inglaterra y soñar, con la Biblia de los Dickinson, debajo de una almohada de soltera. Debe haber otro modo que no se llame Safo ni Mesalina ni María Egipciaca ni Magdalena ni Clemencia Isaura. Otro modo de ser humano y libre. Otro modo de ser. | 76

81: Salvar este gran abismo del sexo y luego, todo será sencillo. Yo podré decirte que soy feliz o desdichada, que amo todavía irrealizables cosas, tú me dirás tus secretos de hombre, tu orfandad ante la vida, tu miserable grandeza. Seremos dos hermanos, dos amigos, dos almas que alientan por una misma causa. Hace tiempo que dejé la coquetería olvidada en el rincón oscuro y polvoriento de mi primera, balbuciente feminidad | A un hombre Susana March (Española,1918-1991) | 77

82: ¡Ahora sólo quiero que me des la mano con la fraternal melancolía de todos los seres que padecen el mismo destino! No afiles, porque soy mujer, tu desdén o tu galantería, no me des la limosna de tu caballerosidad insalvable y amarga. ¡Quiero tu corazón, sin amor, pero amigo! Ese corazón leal que repartes entre los seres de tu mismo sexo. ¿No alcanzaremos nunca la paz de nuestras vidas, la amistad que hace alta el alma, calurosa la soledad, alegre el mundo? Como yo me desnudo de mis naturales artificios, desnúdate tú de tu complejidad, ¡Y sé mi amigo ! | 78

83: A Carole No ha sido nada ven voy a contarte un cuento si no lloras pasa en la China el cuento, ¿sabes dónde es la China? dijo que no con la cabeza y se acercó sin ganas con la nariz mocosa y el bañador azul chorreando arena. Hace mucho, le dije mientras la sentaba en mi regazo allá en China les ataban los pies a las mujeres todo el cuerpo crecía sólo el pie se quedaba allí preso entre las vendas y las pobres mujeres | En la playa Claribel Alegría (Nicaraguense, 1924) | 79

84: casi no podían caminar las uñas de las manos se las dejaban largas más que uñas eran garras y las pobres mujeres apenas si podían levantar una taza para tomar el té. No es que fueran inútiles es que así las querían sus maridos sus padres sus hermanos, un objeto de lujo o una esclava. Eso sucede aún en todo el mundo no son los pies los que atan es la mente, Carole, y hay mujeres que aceptan y mujeres que no. | 80

85: Déjame que te cuente de Rafaela Herrera con tambores con cohetes con sábanas ardiendo espantó nada menos que a Lord Nelson. Tuvo miedo Lord Nelson creyó que el pueblo entero se había sublevado (llegaba de Inglaterra a invadir Nicaragua) y regresó a su patria derrotado. Tu dedito torcido es como ser mujer tienes que usarlo mucho y verás cómo sirve. Vuelve a jugar ahora no acarrees arena | 81

86: ayúdale a tus primos a construir el castillo ponle torres y muros y terrazas y destruye y construye y sigue abriendo puertas. No acarrees arena deja que ellos lo hagan por un rato que te traigan a ti baldes de arena. | 82

87: Te amo como mi semejante mi igual mi parecida de esclava a esclava parejas en la subversión al orden domesticado. Te amo esta y otras noches con las señas de identidad cambiadas como alegremente cambiamos nuestra ropa y tu vestido es el mío y mis sandalias son las tuyas | *Ca Foscari Cristina Peri Rossi (Uruguaya,1941) | 83

88: Hacemos el amor incestuosamente escandalizando a los peces y a los buenos ciudadanos de este y de todos los partidos. A la mañana, en el desayuno, cuando las cosas lentamente vayan despertando te llamaré por mi nombre y tú contestarás alegre, mi igual, mi hermana, mi semejante. | 84

89: * Ca’ Foscari o Palacio Foscari es un palacio gótico de Venecia situado en el sestiere de Dorsoduro y asomado a la curva más amplia del Gran Canal (volta del canal). Construido en 1452 por el dux Francesco Foscari, hoy en día es la sede de la Universidad Ca' Foscari de Venecia.

90: Poemas de Vida y esperanza | 86

91: Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido. ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un musgo amarillento le mancha la corteza blanquecina al tronco carcomido y polvoriento. No será, cual los álamos cantores que guardan el camino y la ribera, habitado de pardos ruiseñores. | A un olmo seco Antonio Machado | 87

92: Ejército de hormigas en hilera va trepando por él, y en sus entrañas urden sus telas grises las arañas. Antes que te derribe, olmo del Duero, con su hacha el leñador, y el carpintero te convierta en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta; antes que rojo en el hogar, mañana, ardas de alguna mísera caseta, al borde de un camino; antes que te descuaje un torbellino y tronche el soplo de las sierras blancas; | 88

93: antes que el río hasta la mar te empuje por valles y barrancas, olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida. Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera. | 89

94: Abril venía, lleno todo de flores amarillas: amarillo el arroyo, amarillo el vallado,la colina, el cementerio de los niños, el huerto aquel, donde el amor vivía. El sol ungía de amarillo el mundo, con sus luces caídas; ¡ay, por los lirios áureos, el agua de oro, tibia; las amarillas mariposas sobre las rosas amarillas! | Primavera amarilla Juan Ramón Jiménez (Español, 1881-1958) | 90

95: Guirnaldas amarillas escalaban los árboles; ¡el día era una gracia perfumada de oro, en un dorado despertar de vida! Entre los huesos de los muertos abría Dios sus manos amarillas. | 91

96: Canto Francisco Lluch Mora (Puertorriqueño, 1924-2006) | Si de tanto cantar la maravilla, sombras sepulto y hallo derroteros, si de la herida aquella ya no muero, ni tengo ya recuerdo de rencilla, no me digas ahora que mancilla este dolor, que en canto verdadero, doy ahora a la luz del nuevo enero, la luz de mi canción siempre sencilla. No me digas ahora lo que falta, deja el ritmo que brote -luz que salta y que restaña el llanto de la herida. Si de tanto cantar la nueva aurora, la maravilla implanto, aunque a deshora, deja el canto que brote sin medida. | 92

97: El tema de la muerte | 93

98: Elegía a Ramón Sijé Miguel Hernández (Español,1881-1958) (En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.) | Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano. Alimentando lluvias, caracoles Y órganos mi dolor sin instrumento, a las desalentadas amapolas | 94

99: daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento. Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado. No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida. | 95

100: Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos. Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. | 96

101: En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes sedienta de catástrofe y hambrienta. Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte. | 97

102: Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos andamios de mis flores pajareará tu alma colmenera de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores. Alegrarás la sombra de mis cejas, y tu sangre se irá a cada lado disputando tu novia y las abejas. | 98

103: Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado. A las aladas almas de las rosas... de almendro de nata te requiero,: que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero. (10 de enero de 1936) | 99

104: El viaje definitivo Juan Ramón Jiménez (Español, 1881-1958) | Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando: y se quedará mi huerto, con su verde árbol y su pozo blanco. Todas las tardes el cielo será azul y plácido; y tocarán, como esta tarde están tocando, las campanas del campanario. Se morirán aquéllos que me amaron; y el pueblo se hará nuevo cada año; y en el rincón aquél de mi huerto florido y encalado mi espíritu errará nostálgico. | 100

105: Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol verde ni pozo blanco,sin cielo azul y plácido. Y se quedarán los pájaros cantando. | 101

106: Elegía a Salvador Tió Francisco Lluch Mora (Puertorriqueño, 1924-2006) | I Inmersa en el silencio tu voz está callada en la región lejana donde yaces dormido ese ignoto recinto perdido entre la bruma donde se escucha el eco de la palabra antigua; y siento en la penumbra ese tibio sonido que en el recuerdo impone revuelo de paloma, susurro que en aire aunado a lo que queda, no sucumbre, caído, pues es tiempo en el tiempo. Tu sustancia palpita en las sílabas del canto que tú siempre decías en tu tibio lenguaje, en tu antigua tristeza que te venía de lejos proclamando en el viento todo un ritmo impecable. II Sostienes en tu cerco laberintos de sueño, pues la palabra pasa pero queda en el tiempo, | 102

107: esencia que no quiebra, aunque irrumpa el misterio. Vienes pronto a decirme que somos solo sombras que en el espejo buscan su imagen y su eco y en tu mensaje claro me dices con firmeza que hay un sueño que sueña e imponen los coquíes, intacto y palpitante proyectando recuerdos que en la brizna y en la sombra imponen su presencia. ... ... ... VII No hay muerte, Salvador, para el hombre que ama, no hay muerte, Salvador, para el hombre que afila sus cuchillos de plata defendiendo lo propio, esculpiendo epigramas en la vida que rueda y ahuyentando el leopardo que amenaza el presente. | 103

108: No hay muerte, Salvador, para aquel que defiende lo justo, la alegría, el trigo para todos. Tú eras de esa estirpe sin temores ocultos, atacabas lo injusto con la palabra exacta con la rosa encendida en tu signo de fuego. No, no hay muerte, mi amigo, para el hombre que lucha, que se ríe sin burlarse de la torpeza humana. No, no hay muerte, mi amigo, para aquel que combate y nos deja con su pluma intacta la nobleza, y nos deja el recuerdo de su alto mensaje en la añeja palabra que en el tiempo perdura. | *El poema fue escrito a raíz del accidente que segó la vida del poeta, ensayista, periodista y presidente de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española que fue Salvador Tió. | 104

110: Amanecer Táctica y estrategia Poema 15 Casi alba Ser onda, oficio, niña... Mi prima Agueda Te quiero Esta tarde, mi bien... Distancia justa Para vivir no quiero Poema 14 | Luis Lloréns Torres Mario Benedetti Pablo Neruda Julia de Burgos Miguel Hernández Ramón López Velarde Mario Benedetti Sor Juana I. de la Cruz Crisitina Peri Rossi Pedro Salinas Pablo Neruda | Indice | Poemas de amor | 3 4 6 8 10 11 14 18 19 20 22 | 105

111: Soneto A la rosa Mientras por competir... La hora Tiempo | Garcilaso de la Vega P. Calderón de la Barca Luis de Góngora Juana de Ibarbourou Juana de Ibarbourou | El tema del tiempo: Carpe diem | 27 28 29 30 32 | El tema de la naturaleza | Oda a la cebolla Río Grande de Loíza Oda al mar El contemplado | Pablo Neruda Julia de Burgos Pablo Neruda Pedro Salinas | 37 42 46 48 | 106

112: Poemas de vida y esperanza | A un olmo seco Primavera amarilla Canto | Pablo Neruda Julia de Burgos Francisco Lluch Mora | 37 42 92 | El tema de la muerte | Elegía a Ramón Sijé El viaje definitivo Elegía a Salvador Tió | Miguel Hernández Juan Ramón Jiménez Francisco Lluch Mora | 94 100 102 | 107

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  • By: Nina T.
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  • Default User
    • By: Maria T.
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About This Mixbook

  • Title: Selección poética
  • Se incluye un nutrido grupo de poemas de autores conocidos en el mundo hispánico.
  • Tags: poesía
  • Published: over 4 years ago

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